lunes, 26 de septiembre de 2011

The key. (XIII)

Aparecí de nuevo en aquel descampado nevado, pero esta vez tenía algo diferente; ningún árbol de los que la otra vez tenían hojas las tenía esta vez. Estaban todos totalmente desnudos y secos. Apareció otra vez la escalera, la subí y llegué al lugar de la puerta, solo que esta vez no había ningún vigilante. Me decidí a entrar, aunque la llave del cerrojo no estaba dentro de este.
Miré por todos los lados y no la encontré. Me tumbé en el suelo de la nube, tan blando y confortable... Miré hacia arriba y ahí estaba la llave; levitando a diez metros de mí.
Salté y salté, pero ni volé, ni me transporté, ni siquiera di un gran salto.
Fue entonces cuando el remolino enorme de cenizas vino hacia mí, me cogió y fue haciéndome ascender hasta llegar a la llave. La cogí y el tornado me bajó al suelo.
Abrí la puerta y todo se tornó negro...

Swirl. (XII)

Al ver la hoja así fue como recibir un golpe directo al corazón. Me dio pena y tristeza. Era como si hubiera cogido cariño a la hoja.
Entonces me harté de no saber lo que estaba pasando y aplasté la hoja. Esta se hizo añicos y cada pedazo cayó al suelo convirtiéndose en cenizas durante el descenso.
Las cenizas del suelo comenzaron a revolotear y formaron un remolino que iba creciendo a cada segundo que pasaba. El remolino crecía y crecía hasta que llegó a medir alrededor de veinte metros. Era una magia muy sorprendente.
Yo permanecí perplejo, de pie, con los ojos como platos, hasta que dicho remolino me absorbió.

The leaf is died. (XI)

Observó la hoja durante unos instantes e intentó comprender cómo había sucedido todo. Llegó a la conclusión de que volvió a su cama de alguna manera que no recuerda, ya que el mero hecho de abrir la puerta dorada no le habría transportado y dormido... Tal vez alguien quiso que no lo recordara...

Se levantó de la cama, desayunó, se vistió y se dirigió al instituto llevándose la misteriosa hoja azul consigo debido al poderoso deseo de tenerla siempre cerca. Al cogerla para meterla en el plástico no sintió nada, pero de camino a la escuela, algo le obligó a sacarla, y al sacarla vio que estaba seca y el azul era mucho más oscuro y desteñido.

domingo, 25 de septiembre de 2011

The dream was real. (X)

Me levanté de golpe recordando el raro sueño que había tenido aquella noche y miré si estaba la hoja azul en donde tenía que hallarse. Efectivamente, allí estaba. No había sido un sueño. Pero... ¿Cómo llegué de la puerta dorada al mundo real?

Everything was a dream. (IX)

El ascenso se hizo largo, pero al fin sobrepasé la casi incorpórea nube.
Fue en ese momento cuando vislumbré algo dorado que parecía una puerta. A pocos metros de lo que parecía una gigantesca puerta, delante de ella, había una figura negra. Parecía un hombre sentado, un vigilante.
Miré a mi alrededor y no había nada más... Así que decidí observar lo que había dentro de la puerta.
Cuando empecé a andar, el vigilante abrió los ojos y me miró con mal gesto, entonces comencé a correr. Ya lo había adelantado cuando él echó a correr tras de mí.

Al llegar a la puerta, me encontré con que esta tenía un cerrojo. Simplemente giré la llave que ya estaba insertada y lo quité. Abrí la puerta...
Desperté. Eran las ocho de la mañana y tenía frío porque estaba totalmente desarropado por moverme mientras dormía.

Stairs. (VIII)

Tras quedarme perplejo ante el ángel en la nieve, observé que una luz blanca como la que apareció hace unas horas acababa de dar forma a unas escaleras que llevanan a lo alto del cielo, a una nube. Pensé que debía subirlas porque probablemente sería la única manera de escapar de aquel loco lugar.
Y las subí...

I'm an angel. (VII)

Entonces sentí como si algo me traspasara el alma. Un inmenso dolor me atravesó el pecho y me desplomé.
Pensé que me había quedado sin fuerzas, pero al instante me repuse. Y al levantarme, fue cuando sentí ese dolor de nuevo. Esa vez no caí al suelo, pues fue menos intenso, pero sí me hizo tambalearme.
Cuando me recuperé del segundo golpe, observé el hueco que mi cuerpo había dejado en la nieve, y, mágicamente, la forma era la de un ángel, como la que hacen los niños al jugar.

sábado, 24 de septiembre de 2011

The path. (VI)

Y rápidamente el suelo se tiñó de blanco.
Cada copo que caía era especial. Cada uno tenía un brillo diferente.

Andé alrededor de dos horas, pero sin cansarme. Fue entonces cuando comencé a agobiarme y a pararme a pensar en lo que estaba sucediendo. Recapitulé: una hoja azul que había encontrado en el suelo primero me incitó a llevarla conmigo, luego me transportó a este lugar y ahora llevo dos horas caminando sin saber qué va a ser de todo esto. "¿Acaso voy a estar aquí encerrado de por vida?" pensé. Necesitaba respuestas a mis preguntas.
Comenzaba a tener frío...

The magic place. (V)

Tras sentirme como un pájaro siguiendo la corriente del aire, caí al suelo de golpe. Al comenzar el descenso, parecía que no iba a acabar nunca, pues la caída duró bastante tiempo. No sé cuánto, pero era mucho.
El golpe no me dolió en absoluto a pesar de la distancia y la velocidad.
Vi todo en color negro por un segundos, ni siquiera veía mi propio cuerpo. Pero, en seguida una luz blanca, de la cuál desconocía la procedencia, apareció y comenzó a arrasar el lugar y lo volvió todo más normal.
Me encontraba en un sitio muy natural, era un descampado. Solo había bancos y árboles. La mayoría de ellos estaban desnudos, sin hojas. Pero los que sí las tenían eran diferentes. Sus hojas eran de color azul, como la que me transportó anteriormente a aquel descampado.
Comenzó a nevar...

The door. (IV)

Acabaron las clases y yo estaba agotado, pero deseando llegar a casa para analizar la misteriosa hoja. Llegué en seguida, pues fui corriendo.
Comí ansiosamente, pues las ganas de verla de nuevo me podían. Subí a mi cuarto y la saqué del plástico en el que estaba metida. Entoces saqué un microscopio viejo que usaba mi padre, científico, y comencé a analizar la hoja.
Era impresionante... No logré ver nada, nada en absoluto. Para asegurarme de que no era el microscopio lo que fallaba, sustituí la hoja por otros materiales y estos sí mostraban su interior.

Por un momento pensé en entregársela a mi padre para que llevara a cabo un experimento con ella, pero entonces un destello procedente de la hoja me cegó. Cuando volví a abrir los ojos estaba a las puertas de algún lugar. Todo se veía negro, menos dicha puerta. Corrí hacia ella y la abrí. De repente, sentí como si volara y me deslizara por el suave viento del anochecer.