El ascenso se hizo largo, pero al fin sobrepasé la casi incorpórea nube.
Fue en ese momento cuando vislumbré algo dorado que parecía una puerta. A pocos metros de lo que parecía una gigantesca puerta, delante de ella, había una figura negra. Parecía un hombre sentado, un vigilante.
Miré a mi alrededor y no había nada más... Así que decidí observar lo que había dentro de la puerta.
Cuando empecé a andar, el vigilante abrió los ojos y me miró con mal gesto, entonces comencé a correr. Ya lo había adelantado cuando él echó a correr tras de mí.
Al llegar a la puerta, me encontré con que esta tenía un cerrojo. Simplemente giré la llave que ya estaba insertada y lo quité. Abrí la puerta...
Desperté. Eran las ocho de la mañana y tenía frío porque estaba totalmente desarropado por moverme mientras dormía.

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