Aparecí de nuevo en aquel descampado nevado, pero esta vez tenía algo diferente; ningún árbol de los que la otra vez tenían hojas las tenía esta vez. Estaban todos totalmente desnudos y secos. Apareció otra vez la escalera, la subí y llegué al lugar de la puerta, solo que esta vez no había ningún vigilante. Me decidí a entrar, aunque la llave del cerrojo no estaba dentro de este.
Miré por todos los lados y no la encontré. Me tumbé en el suelo de la nube, tan blando y confortable... Miré hacia arriba y ahí estaba la llave; levitando a diez metros de mí.
Salté y salté, pero ni volé, ni me transporté, ni siquiera di un gran salto.
Fue entonces cuando el remolino enorme de cenizas vino hacia mí, me cogió y fue haciéndome ascender hasta llegar a la llave. La cogí y el tornado me bajó al suelo.
Abrí la puerta y todo se tornó negro...

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